El tiempo no espera, si no pasa sin avisar; los trenes se largan, te dejan tirada si no los coges a tiempo, los adultos no vuelven a la adolescencia y los adolescentes no vuelven a la niñez. Los coches no paran en los pasos de cebra, las ambulancias no esperan en los semáforos en rojos, las hojas de los árboles se caen sin avisar. Amigas que se quedan atrás por un desliz, personas que jamás volverán, amigos, que en cualquier momento dejaran de serlo. Pasar del verano al otoño en un suspiro, hojas de árboles que se caen, rosas que marchitan en un jardín, el moreno que se te cae a trozos, guardar bikinis, sacar abrigos, nada de leer novelas románticas, ahora se leerán libros de historia...
Otra estación que pasa como si nunca hubiera venido, que habrá sido de esos veranos, de esos que decías que habían sido los mejores de tu vida.
Ahora ya no queda nadie por las calles, en realidad nunca ha habido nadie, simplemente eran fugaces recuerdos que salían de las esquinas para no dejarte olvidar.
Y ahora que parece que todo vuelve a empezar, buscas en lo mas remoto de tu alma, de tu corazón y te das cuenta que por muchas estaciones que pasen, que por muy lejos que camines, siempre habrá una cosa que no cambiará, su recuerdo.

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